
EL ARTE Y LA GENEROSIDAD
Guillermo H. Zúñiga Martínez
Guillermo H. Zúñiga Martínez
Resulta un verdadero privilegio para cualquier niño cuando demuestra tempranamente una claridad indiscutible sobre lo que es su vocación. Localizar esa voz interior, ese llamado, es lo que hace falta para lograr el pleno y sano desarrollo personal de los infantes y es raro, porque la inmensa mayoría de los niños realiza sus actividades normales y se comporta de acuerdo con sus intereses en torno a los estímulos que recibe en el seno familiar y en las instituciones escolares. Es algo asombroso y bello descubrir y percatarse de esas inclinaciones naturales hacia actividades que van a marcarlos para siempre durante su existencia.
El caso de Raúl Di Blasio es muy significativo porque desde la edad de cuatro años ya tenía deseos de tocar el piano y nunca se apartó de esa idea, por lo que durante su infancia se destacó en su relación con ese instrumento musical, a grado tal que un día su papá le preguntó si deseaba ser músico, a lo que sin ningún titubeo respondió que sí y destinó su esfuerzo, tiempo y su talento a la ejecución, hasta que por su calidad, destreza y por la belleza de los sonidos, en alguna ocasión afirmó que al estar trabajando sentía “alas en mis dedos”.
Raúl Di Blasio nació en una comunidad argentina llamada Zapala, perteneciente a la provincia de Neuquén; en esa localidad fue en la que inició sus actividades escolares y artísticas, para después viajar a Buenos Aires, con el propósito de entregarse formalmente a ese estupendo oficio que hoy lo distingue en todo el mundo.
Creo que es rara la persona que no haya escuchado su música, porque ha sido un hombre querido en muchos pueblos, fundamentalmente latinoamericanos, ha grabado diversos álbumes para deleite de los melómanos y su producción está en miles y miles de hogares para disfrute de quienes lo admiramos
Nunca lo he tratado personalmente, no he sabido mayores cosas de su vida, pero el día de ayer me encontré con una noticia que me conmueve, por la nobleza que encierra, dado que el pianista argentino está dispuesto a ofrecer el próximo 24 de noviembre un concierto en la catedral de Nuestra Señora de la Asunción, en el puerto de Veracruz.
Lo anterior es producto –imagino- de una relación personal con el párroco Víctor Mendoza Díaz porque ya con anterioridad este artista espléndido y brillante actuó para recabar fondos para destinarlos a la restauración de esa Catedral; en esta ocasión su actuación servirá para que los amantes de su música la disfruten y paguen un boleto que debe ser bien cotizado para que se reúna una cantidad importante dado que se ha comprometido el señor Di Blasio a emplear las ganancias en favor de los damnificados por el huracán Karl.
Es bien conocido que el artista no tan sólo estudió en Argentina, sino que también lo hizo en Chile y ha trabajado para satisfacer sus necesidades básicas y para ser feliz con su actividad.
La determinación de Raúl Di Blasio es un llamado a la conciencia de todos aquellos ciudadanos o ciudadanas que tienen algo que aportar para el bienestar de los paisanos; es una lección viva de magnanimidad que obliga al aplauso antes de escuchar la genial interpretación de sus creaciones en el piano y qué bueno fuera que tuviera muchos imitadores para enriquecer las acciones de artistas veracruzanos que ya han demostrado que también emplean su voz, sus habilidades, su actuación en favor de los que menos tienen y obviamente lo han hecho sin aspirar a la lisonja por el cumplimiento del deber, porque lo han hecho con un auténtico altruismo que significa entregar parte de su valor a favor de los sufridos, sin estar esperando valoraciones o reconocimientos de carácter social o político.
Me encantaría asistir al anunciado concierto porque cumpliría dos propósitos: el primero, contribuir con algo para el bienestar de mis paisanos; y el otro, para escuchar en vivo el arte lleno de dulzura, elegancia y eufonía que representa la actuación de un artista argentino lleno de prodigalidad para el pueblo de Veracruz.
A través de estas líneas invito a los que puedan, para que concurramos a ese concierto que lamentablemente sólo será para mil personas, cuando lo deseable sería que fuera un espacio más amplio para que asistieran cientos de ciudadanos en busca de la belleza pero también de la colaboración, en beneficio de quienes perdieron sus pertenencias por los efectos del cambio climático.
zmgh12@gmail.com


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