
RENACIMIENTO DE LA RETÓRICA
Por Guillermo H. Zúñiga Martínez
Por Guillermo H. Zúñiga Martínez
Para conmemorar el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, el periódico El Universal, medio fundado por el diputado constituyente Félix Palavicini y el licenciado Miguel Lanz Duret -autor de un texto sobre Derecho Constitucional-, revivieron los viejos y extraordinarios concursos de oratoria, cuya primera ceremonia de efectuó en el año de 1926 y en la cual triunfó el joven preparatoriano José Muñoz Cota, oriundo de Chihuahua y quien se sentía oaxaqueño de corazón, seguramente porque parte de su juventud la vivió en la capital de esa entidad, al ser distinguido con el puesto de Secretario Particular del destacado escritor y político Genaro V. Vázquez, cuando fue Gobernador de esa hermosa entidad federativa.
Por circunstancias de carácter político y laboral, tuve el privilegio de ser invitado para formar parte del comité organizador de este certamen, lo que acepté de inmediato porque me trae recuerdos imborrables de mi vida juvenil dado que, durante más de siete años, estuve participando en concursos organizados por la Compañía Periodística Nacional, lo cual me abrió una perspectiva bellísima por el conocimiento de muchos oradores que se han destacado en la vida pública, en la iniciativa privada, y han brillado como escritores, juristas, pedagogos, técnicos y maestros; pero este trabajo tiene como fin destacar la importancia de estos certámenes que lamentablemente habían dejado de realizarse.
Existe una etapa muy brillante fulgurante que arranca de 1926 a 1959, que es precisamente el periodo que abarca el libro fundamental que registra la palabra y la verdad de la juventud nacional y que se denomina “El Verbo de la Juventud Mexicana a Través de los Concursos de Oratoria”, cuyo autor fue el Lic. Guillermo Tardiff.
Cuando tuve el privilegio de participar en estas tareas, fue para mí muy grato ya que todo concurso, cuando se ama el bien decir, rodea al joven de nerviosismo, preocupación, y se vive intensamente un deseo por destacar y obtener el triunfo, lo que logré en el año de 1966 precisamente un 28 de octubre en el Teatro de la República, allá en Querétaro.
Ahora, en la discusión con los miembros del comité organizador, Roberto Rock y Jorge Zepeda Patterson insistieron en que el concurso convocado por el periódico El Universal debería tener una variante consistente en incluir también un debate público. En mi caso -y obra en actas circunstanciadas- expresé que son dos técnicas distintas por que el debate requiere un moderador, donde deben ser valorados tanto la fuerza como los conceptos, y el orador está destinado a convencer a un público que lo escucha y a un jurado calificador que lo evalúa desde diversos aspectos. Ellos triunfaron y así surgió la convocatoria de este año, para lo cual se hicieron esfuerzos extraordinarios y sistematizados para pedirles a los gobiernos de las entidades federativas y al distrito federal mismo, que convocaran a la juventud para que participara en este año de 2010.
Creo, al menos que me falte un dato histórico, pero ésta es la única ocasión en que se anotaron los 32 representantes de igual número de entidades federativas y además sobresalieron entre los 31 concursantes, cinco mujeres que dieron la pelea y que, con su calidad y capacidad de persuasión, pusieron nerviosos a los varones por lo que la justa fue reñida, interesante y trascendente.
También debo anotar que había un atractivo muy fuerte, que radicó básicamente en señalar como premio al primer lugar cien mil pesos; setenta y cinco y cincuenta, al segundo y tercero respectivamente, lo que se cumplió con toda puntualidad y eficiencia y es precisamente en el debate público donde triunfa el representante de Chiapas, joven ___ y el segundo lugar lo obtuvo el representante del estado de Veracruz, el joven estudiante de economía Paul Mill, y el tercer lugar fue para la representante de Sonora, una joven especializada en mecatrónica y catedrática de física en instituciones de su estado.
Duró dos días la competencia porque en la primera etapa concursaron los 31 que estaban presentes porque el de Campeche por los problemas climatológicos no le fue posible viajar, y entonces del total pasaron diez a finales; después el jurado calificador acordó que de esos diez, cinco fueran seleccionados y de los cinco, tres para enfrentarse en un debate con derecho a una réplica.
El jurado fue realmente importante ya que lo integraron diversas personalidades y el presidente fue Celso Humberto Delgado, campeón nacional de oratoria en 64; el secretario Enrique Soto Izquierdo, campeón nacional e internacional de oratoria en 1957; y nuestro paisano, Fernando Córdoba Lobo, campeón nacional en 1961, representando al Distrito Federal; también figuraron representantes de la Universidad Nacional Autónoma, del Instituto Politécnico Nacional, de la Secretaría de Educación Pública y de CONACULTA.
Por todo lo registrado, vale mucho la pena reconocer el loable interés del C. Lic. Francisco Ealy Ortiz para seguir patrocinando y promover con mayor fuerza la oratoria, que es sinónimo de democracia y de limpieza de miras en la formación de la juventud de México.
zmgh12@gmail.com


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