
LUIS F. IGLESIAS
Por Guillermo H. Zúñiga Martínez
Por Guillermo H. Zúñiga Martínez
Hace unos días, a través de la Junta de Estudios Históricos del Distrito EZEIZA, de Argentina, me llegó la noticia del lamentable deceso de Luis Fortunato Iglesias. En su comunicado, la Junta hace referencia a que el autor de “La Escuela Rural Unitaria” nació el 28 de diciembre de 1915, en Tristán Suárez, y orienta que fue profesor de escuela primaria y en la Universidad de La Plata; en sus años juveniles, además de ejercer el magisterio, le agradaba el periodismo y lo ejercía, pero lo que más sobresalió fue su deseo de militar en la educación y generar climas educativos.
Gracias al Instituto Federal del Magisterio, su obra fue conocida por miles de docentes mexicanos porque la técnica que creó para atender simultáneamente de primero a sexto grados en una escuela de organización completa, con un solo maestro, fue importante no tan sólo para México sino para los países latinoamericanos porque las escuelas rurales monodocentes funcionaban en cientos de miles de comunidades en toda Latinoamérica y constituía un verdadero problema el que un guía unitario pudiera atender todos los grados, porque tenía que actuar de una manera muy inteligente y además con un gran deseo y paciencia para orientar y evaluar el aprendizaje de sus alumnos.
Al menos en Veracruz había escuelas rurales unitarias y creo que todavía existen, con ciento veinte o ciento cuarenta alumnos, y en estas comunidades donde funcionan llega un solo mentor generalmente desprovisto de la técnica adecuada para conducir el aprendizaje en los diversos grados educativos.
La importancia que tiene la obra de Luis F. Iglesias -para quien esto escribe-, es que empezó a trabajar en una escuela de su tierra, pero con una ventaja enorme, ya que atendía máximo treinta alumnos entre hombres y mujeres por lo que organizó grupos de seis, cinco, cuatro, tres, dos y a veces hasta un alumno por grado, lo que avivó su imaginación para escribir las dificultades y las bellezas que le presentaba la respuesta de grupo e individualizada de sus alumnos.
Entré en contacto con su obra debido a que el maestro José Acosta Lucero, entonces Director de la Gloriosa Escuela Normal Veracruzana, me ordenó ser demostrador de la enseñanza simultánea en el auditorio del plantel para que los jóvenes normalistas tuvieran una idea fehaciente de cómo organizar la enseñanza en una escuela unitaria. En consecuencia, para mí, el argentino es un precursor del autodidactismo entre los niños porque gran parte de su material didáctico consistía en elaborar fichas que eran auténticas órdenes destinadas a los alumnos; en verdad que es muy sugestivo y también muy hermoso el observar a los niños realizar su investigación y además encontrarlos entretenidos para superar las dificultades que se presentan en su propia formación.
Aparte de estudiar a Luis F. Iglesias, tuve que investigar sobre la obra de Abner Prada, pedagogo uruguayo, y a nuestro paisano Manuel M. Serna, que fue el único que escribió un libro sobre la escuela rural unitaria basado en una experiencia personal en el Estado de Jalisco, pero la realidad es que el maestro Iglesias descolló como uno de los mentores más destacados en la organización escolar y en la sistematización de la enseñanza por grupos de trabajo.
Es admirable la forma en que concebía la organización en el aula y por la forma en que distribuía los enseres para que en un espacio reducido sus treinta alumnos se sintieran libres y además conjugaran el esfuerzo personal con la conducción del mentor hacia las metas previstas en el programa escolar.
Hace tres años estuve con él en su departamento de Buenos Aires. Visité a un maestro ya jubilado, con 92 años encima y que recordaba vagamente sus viajes por tierras veracruzanas, pero tuve el privilegio de conversar con él y de estrecharlo y admirarlo más porque siendo un hombre tan distinguido, como todos los grandes, lucía su honradez en la sencillez de su existencia. La riqueza mayor de su departamento se localiza en su biblioteca, abundante en autores y pedagogos latinoamericanos y europeos. Guardo un grato recuerdo de él como un hombre constructivo, innovador y enamorado de la educación.
Al escribir estas líneas sobre el maestro que dejó de existir el pasado 8 de agosto, frente a mí vuelvo a disfrutar el contenido de su obra fundamental, “Pedagogía Creadora”, y leo un párrafo de su puño y letra que reza así: “Al Lic. Guillermo H. Zúñiga Martínez, Director General de Educación Popular del Estado de Veracruz, con mi más vivo y profundo reconocimiento, dedico mi Pedagogía Creadora “. Su rúbrica y la fecha: “Xalapa, Julio de 1975”.
Descanse en paz tan ameritado pedagogo latinoamericano.
zmgh12@gmail.com


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