¿INDEPENDENCIA O DEPENDENCIA?

Por Guillermo H. Zúñiga Martínez




En lo personal siempre me he negado a creer que los mexicanos somos inferiores en relación a ciudadanos de otros países, que requerimos de su asesoría, ayuda lecciones o que nuestros connacionales carezcan de orgullo, solvencia intelectual, técnica, científica y artística.

Es pavoroso enterarse de que, para el festejo del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución, se hayan gastado fortunas mismas que hasta este momento no se explican, porque la organización ha cambiado de responsables como el ser humano cambia de camisetas, por lo que no se había tenido la oportunidad de conocer un programa completo de cuanto se piensa realizar el próximo quince de septiembre.

El gobierno federal -léase Felipe Calderón Hinojosa-, después de las desventuras de los anteriores responsables, empezando por Cuauhtémoc Cárdenas, quien renunció, decidió de plano darle la responsabilidad a la Secretaría de Educación Pública, y ahora el representante de esta dependencia nos manda mensajes que en lugar de enorgullecernos causan grima y hasta molestia porque por lo anunciado, las fechas que se van a conmemorar se enmarcarán dentro de un ambiente carnavalesco porque se van a exhibir veintisiete carros alegóricos y se van a montar juegos pirotécnicos “jamás vistos”, pero todo ello en un desfile que llenará de admiración y de “asombro” única y exclusivamente a unos cuantos miles de capitalinos, porque el pueblo restante -alrededor de cien millones-, se tendrá que conformar con ver esos espectáculos a través de las pantallas de televisión.

Pero el asunto de este trabajo no consiste en señalar la superficialidad con que se quiere recordar a Miguel Hidalgo y la pléyade de héroes que nos dieron Patria y Libertad, o a Francisco I. Madero y al conjunto enorme de revolucionarios que apoyaron su causa, sino que las autoridades educativas de este país invitan a mexicanos creativos, inteligentes, entre los que destacan Horacio Lecona, Mario Espinosa Ricalde, Jorge Vargas Cortés, Claudio Valdés Kuri, Mónica Raya, Alicia Sánchez, Felipe Fernández del Paso, juliana Faesler, Mauricio García Lozano, Alejandra González Anaya, Sergio Villegas Parada y al artista plástico Pedro Friedeberg, nada más que el detalle estriba en que todos estos connacionales deberán ponerse a las órdenes del director general de toda esta farándula que se transmitirá al mundo, y éste viene ni más ni menos que del hermano país de Australia. Hasta para realizar estos festejos dependemos del extranjero, por eso me nace decir: o luchamos por la independencia o seguimos siendo un pueblo que hasta para disfrutar de un espectáculo tenemos que recurrir a un organizador de juegos olímpicos, porque eso es en esencia lo que es Ric Birch.

Esta persona que ha servido al mundo y que ahora viene a apoyar y orientar a este pueblo subdesarrollado hasta para organizar fiestas, fue un estudiante de derecho que dejó su carrera por sentirse atraído como un hombre de gran imaginación para visualizar escenas. Su historia registra que fue el responsable de la apertura y clausura de Brisbane 1982 en los juegos de la Commonwealth, luego destaca como organizador también de una exposición mundial en 1988 concretamente durante el bicentenario de Australia. También ha sido director de producción en los juegos olímpicos celebrados en los Ángeles en 1984, trabajo que repitió en Barcelona en 1992.

Es interesante señalar que es un hombre de inteligencia sorprendente por lo que sabe cobrar su trabajo y no quiero imaginar la millonada de pesos que se va a llevar por darnos sus conocimientos y poner a nuestro servicio la sensibilidad artística que lo caracteriza mundialmente; pero la realidad es que es parte del grupo Filmmaster con quien produjo la ceremonia de los juegos olímpicos de Turín en 2006. Es ampliamente conocido como experto en los juegos olímpicos y tuvo el reconocimiento de ser asesor artístico internacional y director creativo Zhang Yimou en los juegos olímpicos de Beijing.

Total, tendremos como fiesta culminante de nuestra historia a un australiano cuando lo más sencillo sería demostrar la capacidad que tenemos los mexicanos para realizar nuestras propias ceremonias, para crear y concebir lo que necesitamos presumirle al mundo, porque habiendo tanta tradición rescatable, tan exquisita belleza entre las sociedades prehispánicas, teniendo unos filones espléndidos que explotar, salimos con que este problema se resuelve con dinero y con alguien ajeno a nosotros.

A cien años de distancia, parece mucho más inteligente Porfirio Díaz quien para vivir y vibrar con el Centenario de la Independencia nos dejó palacios y obras de infraestructura que aún disfrutamos. La verdad es que se debe conocer de historia para poder estar a la altura de las exigencias actuales.

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