
¿ATESORAR O REPARTIR?
Por Guillermo H. Zúñiga Martínez
Por Guillermo H. Zúñiga Martínez
Numerosos fenómenos de la publicidad se vinculan con el estado de ánimo de las personas. Demostrar esta afirmación es sencillo porque si usted sintoniza la radio, los noticieros televisivos o abre las páginas de los periódicos, muchas informaciones destacadas registran actos de violencia, ilícitos y acciones que se ligan más bien a lo que en el lenguaje periodístico se conoce con el nombre de nota roja.
Cuando surge una crónica llena de nobleza, de calor humano, o realmente es hermosa por su contenido, tal parece que no repercute en la conciencia de los ciudadanos ni -mucho menos- mueve a las personas a tratar de que esas conductas ejemplares se reproduzcan constantemente no tan sólo en los grandes países, sino en todas las sociedades porque, hasta en las comunidades más pequeñas, siempre destacan algunas familias que poseen mayores bienes económicos en relación al resto de la población.
Es edificante que cuarenta personajes del mundo de las finanzas hayan acordado despojarse de sus bienes en un 50% para destinarlos a obras que beneficien a la humanidad y, si esta actitud se concreta en la realidad, muchas familias, miles de ciudadanos y fundamentalmente niñas, niños y jóvenes van a resultar favorecidos porque no se puede esconder la penuria en que vive inmenso número de hogares y que, para no ir más lejos, en México asciende a sesenta millones de necesitados, de los cuales cuarenta viven en la pobreza extrema.
Imaginemos que en cada ciudad importante del país se pusieran de acuerdo las personas que tienen, verbigracia, más de veinte millones de pesos de capital, y acordaran donar la mitad para realizar, ya no digamos obras de caridad, sino de infraestructura y de apoyo a la investigación técnica y científica. ¡Qué hermoso es imaginar lo que pudiera darse y hacerse con un gesto realmente filantrópico lleno de generosidad!
En una población de trescientos mil habitantes, seguramente se encontrará que más o menos el 10% puede tener importantes cantidades de efectivo o de inversiones, por lo que al dedicar parte a obras vitales para el desarrollo, estarían creando empleos y la porción que aplicaran a la educación serviría para alimentar a los mejor dotados, para auspiciar y propiciar trabajos académicos que conduzcan hacia el aprovechamiento de nuestros recursos naturales y, obviamente, la sociedad que lo hiciera sería reconocida y aclamada.
Creo que de esos ejemplos está urgida la colectividad, porque una decisión de esta naturaleza seria trascendental; además, representaría un conjunto de actos de reconciliación nacional. Estoy seguro que muchísimos compatriotas estarían de acuerdo si alguien con autoridad moral se los propusiera.
Claro está que, cuando se dé una situación ideal como la que estoy planteando, deberían rodearse de muchos cuidados los recursos económicos que se aportaran, para que fueran manejados y administrados con base en una conciencia basada en la probidad; las obras tendrían que hacerse con calidad, pensarlas y desarrollarlas considerando que deben permanecer al servicio de la sociedad por centurias, y apartarse de las tareas de relumbrón, que sólo causan tristeza en lugar de orgullo entre los ciudadanos.
Por otra parte, lo destinado a proyectos innovadores, debería tener una contraloría que permitiera apreciar los pasos y los resultados que se vayan dando, para efecto de valorar la imaginación, sensibilidad y talento de los mexicanos.
Los ciudadanos que han dictado este ejemplo y que merecen ser reconocidos y recordados son, entre otros, el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg; el magnate de la energía, T. Boone Pickens; el ejecutivo del mundo del entretenimiento, Barry Diller; el fundador de CNN, Ted Turner; el creador de Stars Wars, George Lucas; el heredero de los hoteles Hilton, Barron Hilton; el banquero David Rockefeller y el cofundador de Oracle, Larry Ellison.
Por otra parte, la nota que ahora comento, señala que en el año 2006, el señor Buffett decidió donar 99% de su dinero a instituciones de caridad. En ese año su patrimonio ascendía a 44 mil millones de dólares; actualmente, por su trabajo e imaginación, los recuperó y tiene ya 46 mil millones.
“En realidad acabamos de comenzar, pero ya tenemos un enorme eco”, dijo Buffett, que cuenta con 79 años de edad.
Además, añadió que “cuarenta de las familias y personas más ricas de Estados Unidos, se declararon dispuestas a gastar la mayor parte de su fortuna con fines caritativos”.
Ojalá y esta actitud tenga imitadores por doquier, que ofrezcan una práctica ejemplar ante la comunidad y nos hermane en los ideales y en los propósitos comunes.
zmgh12@gmail.com


<< Home