Por Guillermo H. Zúñiga Martínez
Hace cuarenta y nueve años, alguien tuvo la formidable idea de convocar a una convención de carácter internacional sin prever el éxito que tendría; seguramente estaba enamorado de Ramsar, pueblo agradable propio para vacacionar porque en sus costas se localizan diversas estaciones termales y además se conjuga el paisaje con bellísimos bosques que invitan a disfrutar el verdor de sus montañas.Ramsar es una de las ciudades que pertenecen a Irán, caracterizada por radioactividad natural bastante concentrada, misma que se libera exactamente a través de los manantiales de agua caliente.
Con esas características, se hizo una invitación abierta para que representantes de diversos pueblos concurrieran a esa ciudad iraní no tan sólo para que disfrutaran de su riqueza biológica sino para que admiraran también los refugios que existen, abiertos a las aves acuáticas migratorias estacionales.
Lo que hoy se conoce internacionalmente como Sitios Ramsar, nacieron precisamente de la convención que se desarrolló en esa ciudad el 2 de febrero de 1971 y cuyos acuerdos entraron en vigor hasta 1975. Indudablemente que fue un marco propicio para la cooperación internacional inspirada en la conservación y el uso inteligente de los humedales mundiales. Actualmente más de ciento cincuenta países han escogido más de mil cuatrocientos sitios en el mundo para proteger cerca de ciento veintitrés millones de hectáreas, de las cuales alrededor de cincuenta mil millones se encuentran ubicados en el continente americano.
Los conocedores e intelectuales que participaron en la convención de Ramsar, delinearon con profundidad la importancia de la interdependencia del hombre con su medio; reconocieron con amplitud la importancia que tienen los humedales para garantizar el buen funcionamiento y desarrollo de los servicios ecológicos, porque estas partes del mundo regulan los regímenes hídricos y son fuentes vivas de la biodiversidad en su más alta gama, porque abarca especies, aspectos genéticos y son los que originan la interacción entre la cultura biológica y el hombre, erigiéndose en un recurso insustituible que tiene valor científico, recreativo y económico.
La convención a la que he hecho referencia, que por cierto se verifica cada tres años, reconoció en su momento que esos ecosistemas son el mundo natural de fauna y flora esenciales para la vida de las aves acuáticas, pero con el transcurso del tiempo y de las investigaciones propias de esta riqueza, se ha llegado a la conclusión de que también son importantes como hábitat de las aves migratorias hemisféricas.

Hablar de los Sitios Ramsar es referirnos a los humedales y a la importancia que tienen para el desarrollo sano de los ecosistemas ambientales, por lo que su destrucción es un verdadero crimen y su descuido un atentado en contra del equilibrio ecológico. Todo daño que se cause a los humedales, es irreparable, vamos no tiene nada que ver con que se dé un dinero a cambio de la destrucción de estas células existenciales que sirven de manera formidable al equilibrio entre la cultura del hombre y la naturaleza.
Lo anterior cobra importancia porque en nuestra entidad los sistemas lagunares y estuarinos son los más importantes de México. Imagínese usted: cubren cerca de 800 kilómetros de litoral por lo que los humedales veracruzanos son marinos y costeros y son de tipo variado porque se localizan el intermareal arbolado, manglares, bosques inundados de agua dulce, lagunas de agua salada, así como pantanos de “nipa”.
Los humedales en Veracruz son demasiado valiosos porque también albergan más de doscientas especies de aves migratorias y son el refugio natural del pato real, halcón aplomado y alcaravanes, por lo que es una obligación de las autoridades poner todo su esfuerzo y sensibilidad para mantener esta riqueza natural que es fuente única de agua para el sustento de la fauna, el ganado y el desarrollo de cultivos.
Valdría la pena, como lo señala Elisa Pérez Barbosa Rojas, crear una conciencia de protección y cuidado del medio ambiente a través de la educación y promover la conservación de áreas extensivas de hábitat crítico para especies clave, así como mantener con inteligencia un sistema de monitoreo que permita vigilar esos sitios.
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