LA ENFERMEDAD Y LOS DÍAS FESTIVOS
Por Guillermo H. Zúñiga Martínez
Por Guillermo H. Zúñiga Martínez
Se dan casos preocupantes -no sé si a usted le ha pasado-, pero la verdad hay ocasiones que uno se enferma un sábado o domingo y, a veces, en días festivos.Con desesperación y molestia busca afanosamente algún médico para recibir orientación, un diagnóstico acertado y la receta respectiva; pero es difícil encontrarlo, lo cual es explicable porque ellos también merecen descansar, gozar sus horas de asueto, recreación y disfrutar sus placeres honestos; pero mientras esto pasa, usted sigue en su casa o trabajo soportando los estragos que le causa el padecimiento.
Lo ideal sería que haya guardias en los diversos servicios de salud, con la medicina indispensable para que los enfermos, hipocondriacos e hipersensibles, hablo de hombres y mujeres, tengan la confianza y certeza de que, durante los períodos de descanso del personal, van a contar con la atención que como ciudadanos merecen.
Lo anterior –extraño para mí, por el tema-, es algo cierto y lo peor de todo: cuando alguien requiere que le apliquen una inyección, encuentra la mayor parte de las clínicas cerradas. Lo primero que se le ocurre es acudir a las farmacias que en esos días inhábiles permanecen abiertas. Al llegar, pregunta al dependiente si tiene la posibilidad de inyectarlo, la respuesta invariable es que no hay quien sepa hacerlo y, si usted pregunta por un doctor de guardia, le informan que ninguno ha sido contratado por el dueño del establecimiento.
Si los gobiernos realmente buscan el bienestar de sus gobernados, deben preocuparse por la eficiencia del servicio hospitalario y de atención a quienes necesitan el auxilio riguroso de los poseedores de los conocimientos sobre medicina familiar y también, lo que es impostergable organizar en forma inmediata y obligatoria para los trabajadores de farmacias, es que se comprometan a llevar cursos de capacitación relacionados con primeros auxilios, tan indispensables en ese campo laboral, asegurando con ello su preparación eficaz, lo cual sería una medida extraordinariamente positiva para elevar la calidad de la atención inmediata a la población.
Un refrán popular señala: “Como en Botica, aquí hay de todo”; ese “todo” debe incluir conocimientos básicos sobre medicina preventiva para que tengamos la certeza de ser atendidos principalmente en las fechas señaladas.
La idea es llegar a niveles europeos porque en aquellos países desarrollados, para atender una botica se requiere un certificado equivalente a Técnico Superior Universitario, que le permite prescribir medicina de primer nivel y obviamente saber tomar la presión, aplicar inyecciones intravenosas e intramusculares y orientar a los pacientes.
Obviamente no soy profesional de la medicina, ignoro lo relacionado con esta materia, pero tampoco puedo permanecer ajeno a las necesidades que se presentan en tiempos feriados, que es cuando muchas personas lamentablemente enfermamos y por ello necesitamos consultas de urgencia.
Por otra parte, las autoridades deben pensar y repensar la medida que quieren adoptar en el sentido de que se vendan antibióticos únicamente con receta, porque existen personas tan humildes y necesitadas que no tienen ni para pagar la consulta. Es más, hay paisanos que viven en comunidades donde los servidores de la salud dejan de concurrir porque prefieren laborar en medios citadinos.
Jamás he podido olvidar que la carrera de médico fue calificada por Gregorio Marañón como una profesión de amor y sé, además, que existen galenos que se distinguen por su enorme humanismo y sabiduría, se entregan de manera íntegra a su cometido, dan esperanzas, siembran anhelos, transmiten fe e ilusiones y salvan vidas; por estas razones gozan de tanto prestigio entre la sociedad.
Una medida como la que propongo, creo que convendría a la comunidad médica porque, si algo desean sus integrantes, es servir con generosidad a nuestros semejantes.
zmgh12@gmail.com



<< Home