INCONSISTENCIAS
Por Guillermo H. Zúñiga Martínez
Por Guillermo H. Zúñiga Martínez
Cuando surgen inquietudes y deseos manifiestos, acompañados de anhelos porque los problemas educativos se superen y encuentren nuevos cauces y respuestas para el mejoramiento de la sociedad, son motivo de reflexión porque deben ser las áreas sustantivas y no otras las que intervengan para recomponer o perfeccionar la educación del pueblo.Recordará usted que, cuando José Vasconcelos fue rector de la Universidad Nacional de México, observó que ni el gobierno federal y mucho menos los estatales y municipales se interesaban por hacer llegar la luz del alfabeto a sus gobernados; el autor de “La Raza Cósmica”, como autoridad universitaria a la que de manera exclusiva competían las tareas de enseñanza media superior y superior, prendió la flama de la inconformidad y protestó de manera creativa al manifestar a los políticos mexicanos que era necesario y conveniente enseñar a los que menos saben.
En este país se han hecho esfuerzos inconsistentes, aislados, de los cuales ninguno ha fructificado como se ha reclamado, porque cuando existe incoherencia y ausencia de cohesión en cuanto debiera unirnos, entonces se dan la desorganización y los resultados magros, descarnados, esqueléticos porque México pide, exige, no tan sólo un líder sino varios en diversos campos de la actividad humana y ésos no se encuentran; en política, por ejemplo, sobran los demagogos de petate quienes sienten que saben y lo han hecho todo; curiosamente nunca hablan de que la grande o pequeña obra material se hace pero con dineros del pueblo no de su bolsa y que para cumplir con su deber no tienen porqué presumir lo que hacen, como el mandatario de Guerrero que anda luciéndose en programas de televisión. En los campos científicos y técnicos, también hay fallas que se manifiestan, lo mismo pasa en el deporte y en otras actividades; entonces, lo que se debe buscar, es tener conciencia de los proyectos de carácter nacional porque el pueblo mexicano no puede seguir deambulando en las aristas de su destino sin lograr una verdadera identificación con sus valores intrínsecos.
Cuando me refiero a la desesperación y deseos de servir y que a gritos se está diciendo que los funcionarios de la SEP no dan los resultados que se esperaba de ellos, estoy hablando de lo que ha pedido a las autoridades del país el vicepresidente de la mesa directiva de la Cámara de Senadores, el tabasqueño Arturo Núñez Jiménez -que fue priista en una época y ahora es miembro de una tribu perredista-, porque obtuvo en una sesión celebrada el pasado once de marzo del presente año la aprobación de un dictamen de la Comisión de Educación con un punto de acuerdo muy ilustrativo:
“ÚNICO.- El Senado de la República solicita respetuosamente a la Secretaria de Educación Pública y a las Secretarias de Educación de las entidades federativas e instituciones afines formular programas y campañas de difusión que involucren a los padres de familia y tutores a conocer a los maestros de sus hijas e hijos, participar activamente en sus tareas escolares y a leer, al menos, quince minutos diarios con ellos”.
Lo que son las cosas, hace algunos años apenas, la principal aplicación de los maestros consistía en realizar labores extramuros con el propósito de visitar los domicilios de sus alumnos, conocer a sus padres, platicar con ellos, ver su manera de vivir y de convivir, analizar el ambiente en que se desarrollaban los niños y persuadir a aquéllos para que coadyuvaran en la formación de los retoños; esas actividades se siguen realizando no tan sólo en forma individual sino con las asociaciones de padres de familia para discutir y analizar los problemas inherentes a la educación de las nuevas generaciones y, por lo que observo, la recomendación senatorial es un tanto cuanto atrevida.
Por otra parte, desde siempre los profesores hasta han abusado de lo que se conoce con el nombre genérico de tareas, que son actividades que dejan a los niños para que las realicen en su casa y así avanzar en los planes y programas de estudio señalados por las autoridades.
Cuando recomienda el Senado de la República que los padres de familia lean quince minutos diarios con sus hijos, en realidad refleja un desconocimiento de lo que ha dispuesto desde hace mucho tiempo la propia Secretaria de Educación porque, desde la época de Jaime Torres Bodet, ha multiplicado las bibliotecas municipales y escolares, así como la fundación de rincones de lectura, y en las aulas se realizan cotidianamente ejercicios de lectura, en voz alta y de comprensión; en fin, creo que lo que hace la Comisión de Educación de la cámara alta del Congreso de la Unión es una reconvención no nada más a las autoridades sino a los educadores que se hallan en ejercicio, lo que encuentro injustificado porque en verdad que la inmensa mayoría cumple patrióticamente con su deber.
Los senadores deberían dialogar con el magisterio antes de tomar acuerdos.
zmgh12@gmail.com


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