EL FUTURO DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR


Por Guillermo H. Zúñiga Martínez




Hace unos días, un grupo de intelectuales de Minatitlán me propuso desarrollar -para los alumnos que están cursando diversas licenciaturas- un tema sobre el futuro de la educación superior en México. El tópico atrae y apasiona porque, de acuerdo con las tendencias que se observan en nuestro país, existen diversas posiciones, distintos planteamientos; el más socorrido consiste en que los gobiernos Federal y estatales, incrementen los presupuestos para que las universidades puedan desarrollarse con mayor capacidad de respuesta ante la abundante demanda de los jóvenes en este nivel educativo.

Otra visualización consiste en aprovechar el espacio para transmitir lo que se puede denominar, no educación, sino instrucción y capacitación en línea, que es una nueva forma didáctica que abre posibilidades de gran aceptación en todo el mundo; es más, en México hay universidades que tienen dos tipos de rectoría: la que se dedica a dirigir, administrar y enriquecer el ámbito académico de la educación formal; es decir, la que se imparte en las aulas, en los institutos, y otra rectoría universitaria de carácter virtual y que responde a necesidades modernas, porque fundamentan sus acciones en elaborar planes y programas de estudios, colocarlos en la red y diseñar el material pedagógico para transmitirlo a través del ciberespacio.

También concurren corrientes, fundamentalmente de representantes de la derecha, que sin rubor están planteando la desaparición de las universidades públicas para que en sus edificios se proyecten unidades habitacionales y los terrenos que tienen en su poder, sirvan para centros comerciales y de esa manera convertir la educación popular, que es una conquista legítima del pueblo, en educación privada, a la cual puedan concurrir quienes tengan medios pagar cuotas mensuales. Afortunadamente esta idea, contraria a los ideales de la revolución social de 1910, no ha tenido ni tendrá éxito, pero lo innegable es que en forma paralela, mientras los gobiernos realizan esfuerzos por ampliar la educación universitaria de carácter público, también abren ventanillas para autorizar, día con día, la apertura de instituciones de carácter particular, situación que es totalmente normal y aceptada, porque el funcionamiento de estos planteles está debidamente permitido por la Constitución General de la República y las locales.

Ante este panorama, la única modalidad diferente a las diversas propuestas, es la que está creciendo y desarrollándose en el Estado de Veracruz, consistente en que los propios pueblos se están organizando para darse a sí mismos la educación que merecen, basada fundamentalmente en sus recursos económicos, en su esfuerzo individual y colectivo y en la idea de obtener un reconocimiento de carácter familiar que conlleva a una satisfacción intima de demostrar que se pueden alcanzar los conocimientos, dominar las materias y enriquecer el acervo cultural y tecnológico cuando los ciudadanos se deciden a apoderarse de lo que es de todos, porque las ideas, los descubrimientos, las tesis y los contenidos culturales, técnicos y científicos, son patrimonio de la humanidad.

En consecuencia, sostengo que el futuro de la educación superior en nuestro país y en Latinoamérica, debe fundarse en la riqueza y en las decisiones que alcancen, por si mismos, hombres y mujeres en lo individual y en lo colectivo.

Es innegable el panorama humano que se ha ido fortaleciendo en Veracruz cuando las comunidades toman la decisión de educarse, de formarse, basándose en la autorresponsabilidad y perfeccionando constantemente lo que se conoce ahora popularmente como el “autodidactismo creativo y crítico”, que ha cobrado una importancia inusitada en la mentalidad y voluntad de los veracruzanos que están haciendo posible una nueva forma de solucionar el problema de la educación superior en México.

Son entonces la modalidad y las características que está propalando el Instituto Veracruzano de Educación Superior, las que representan el inicio de una trascendente transformación que conducirá hacia la concreción del fenómeno educativo que se inscribe en la nueva pedagogía social.

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