ALVA EDISON, AUTODIDACTA

Por Guillermo H. Zúñiga Martínez




Uno de los modelos extraordinarios registrados por la historia respecto de seres humanos que progresan formidablemente por si mismos lo tenemos, sin lugar a dudas, en la personalidad de Thomas Alva Edison, quien naciera en Milán, Ohio, Estados Unidos, y se desarrollara en ese país, aunque algunos investigadores sostienen que nació en Sombrerete, Zacatecas, México, y que partió para aquella nación a la edad de 20 años.

Como todo niño, recibió la instrucción familiar para que asistiera a la escuela primaria; más o menos a los 8 años de edad padeció escarlatina, enfermedad que le provocó otitis, razón por la cual perdió parcialmente el uso de las facultades para oír. Cuando su maestro empezó a observar el comportamiento del niño y al verificar que los conocimientos que impartía no eran debidamente asimilados por él, en lugar de hacerle una exploración sencilla de agudeza auditiva, concluyó que su alumno era incapaz de aprender los contenidos de los programas oficiales; así, se separó de la escuela al infante que ahora me causa admiración.

Thomas Alva Edison, según confesó ya adulto, consideraba las clases escolares monótonas y aburridas, así es que decidió desde los 10 años estudiar y prepararse por sí mismo lo cual lo distingue como verdadero prototipo del aprendizaje autónomo. Cuenta la historia que pidió a su mamá le permitiera establecer un estudio modesto en el sótano de la casa y, cuando recibió la autorización, empezó a poner en práctica las enseñanzas que desprendía de la lectura del libro “Escuela de la Filosofía Natural” de Richard Green Parker. El texto lo iluminó de tal manera, que se dedicó a tratar de realizar los experimentos que sugería y avanzar en su determinación ya dibujada en su intención formal desde joven, de ser inventor.

Las inquietudes personales de Thomas consistían en satisfacer sus necesidades básicas y buscó la manera de allegarse recursos para lo cual se dedicó a vender periódicos así como productos diversos para obtener ganancias; con sus entradas empezó a adquirir revistas científicas, libros y también aparatos viejos, mismos que revisaba hasta comprender su funcionamiento.

El mercado principal para sus ventas lo localizó en la estación del tren, de tal manera que recorría los carros del ferrocarril comerciando sus productos. Llegó a familiarizarse tanto con los conductores, garroteros y demás personal, que cuando cobró confianza entre ellos, solicitó le permitieran usar un vagón para instalar un pequeño laboratorio, pero una vez, por descuido y realizar peripecias técnicas, ardieron sus pertenencias, lo que fue un escándalo y obligó a los administradores a lanzarlo.

Siguió conviviendo con los trabajadores pero le llamaban fundamentalmente la atención los telegrafistas, razón por la cual empezó a estudiar el espectacular y magnífico lenguaje de Samuel Morse: dominó el telégrafo y en poco tiempo era un especialista, profesión que ejerció con clara eficiencia.

Desde que obtuvo sus primeros ingresos, ahorró lo suficiente para adquirir una modesta prensa, así inició la publicación de su periódico WEEKLY HERALD, cuyos ejemplares, llenos de noticias, se los arrebataban los pasajeros del tren. Aunado a estas actividades, dedicaba el tiempo libre a la investigación y se propuso que cuanto su imaginación pudiera crear, fuese novedoso, práctico y rentable lo cual corroboró cuando dio origen al primer aparato automático para el registro de los sufragios; esto le permitió obtener una fuerte cantidad de dinero.

Con los recursos reservados formó su primera sociedad empresarial y promovió seriamente las actividades que había escogido.

A Thomas Alva Edison le debe la humanidad 1033 inventos entre los cuales destaca un aparato para transmitir oscilaciones utilizadas en las bolsas de valores; participó en la concepción y realización de la máquina de escribir; grabó las primeras vibraciones sonoras, mismas que logró reproducir y su prueba inicial consistió en pedir a uno de sus empleados entonara una canción y para admiración de todos la volvieron a escuchar a través de la grabación, consiguiendo el deleite y la fascinación general; ése es el nacimiento de lo que se conoce con el nombre de fonógrafo.

Una de sus contribuciones más importantes es la que hizo en el alumbrado público, porque si bien es cierto ya había muchos inventos y aportaciones para la iluminación popular, también se debe decir que fue él quien descubrió que con filamentos de bambú carbonizados podía darle a las bombillas un encendido prolongado.

Es muy grato saber que el personaje central de este artículo fue un paradigma del autodidactismo crítico y significativo.

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