REFORMAS E ILUSIONES

Por Guillermo H. Zúñiga Martínez




Las reformas a la Carta Magna tienden a perfeccionar las obras y, en general, prescribir acciones de beneficio colectivo; vale la pena recordar que una disposición constitucional debe tener observancia en toda la República y, además, obligar a las autoridades locales a realizar los cambios procedentes para adecuarse a la norma federal. Creo que son ideales los que inspiraron a quienes de manera decidida han propuesto que la educación media superior sea imperativa.

Lo primero que me inquieta es saber si la sujeción es para los gobiernos federal, estatales y municipales o se refiere a los ciudadanos; una cosa es responsabilizar a las autoridades a fin de que destinen los recursos suficientes para abrir los planteles que hagan falta, de acuerdo con la demanda real y otra muy distinta es que los mexicanos se vean constreñidos a cursar la enseñanza media superior, lo que sería ideal; pero entonces la pregunta sería ¿Aquel que no cumpla, a qué sanción se hace acreedor? Las leyes son obligatorias, generales y abstractas y su perfeccionamiento consiste en que registren puniciones para quienes no las acatan.

Estimo que los autores del proyecto desean que las autoridades funden las preparatorias necesarias, por lo cual debemos pensar y evaluar si se posee la cantidad de dinero que posibilite la contratación de personal docente, administrativo y de servicios que se hace indispensable y si se van a programar las construcciones de los espacios educativos indefectibles para tal fin.

Con base en lo anterior, considero que reformar la Constitución para incluir como obligatorio el bachillerato es bello, es hermoso, pero no deja de ser una ilusión porque, de acuerdo con datos estadísticos recientes, México registra más de 60 millones de ciudadanos que no han cursado la preparatoria, por lo que atender esa cantidad de alumnos es una tarea titánica que exigiría, de acuerdo con las costumbres y compromisos oficiales, una cantidad bárbara de dinero -que obviamente no se tiene-, y la formulación de planes y programas de estudio así como de construcción de aulas que también reclamarían una fortuna para poder cumplir con esta área programática de los legisladores que, en buena hora, dejan para la historia .

Pensemos, para efectos de este trabajo, en las condiciones en que se encuentra el Estado de Veracruz, nuestra patria chica, donde conviven más de 790 mil habitantes que cuentan entre quince y diecinueve años y -con datos de 2005, porque no está actualizado el INEGI- la población de dieciocho años y más que cursa este nivel es de 503 mil ciudadanos; por otra parte, los alumnos egresados de bachillerato en 2008, por ejemplo, son únicamente 70,799 y los planteles apenas 1,560.

Los datos mencionados -crudos pero reales- deben ser sensibilizados con la deserción que existe y casi llega a un 8% por lo que, como es fácil advertir, al aceptar el Estado de Veracruz esta importantísima reforma, tendrá que analizar, estudiar y ponderar las posibilidades de darle un impulso vigoroso y dinámico a la enseñanza media superior, porque estará comprometido a hacerlo; pero, como me enseñaron en la UNAM hace mucho tiempo: “Nadie está obligado a lo imposible”.

Esta innovación va a tener los mismos efectos que las disposiciones originales que surgieron en 1917 porque en nuestros días, después de 93 años, aún no podemos cantar victoria sobre la universalización de la educación primaria y mucho menos de la preescolar, expresión que se puede aplicar también a la enseñanza media.

Es interesante dar a conocer que las instituciones de educación media superior en el ciclo escolar 2009-2010 registraron una matrícula de 292,368 alumnos inscritos en 1,653 planteles en los cuales laboran estimados y distinguidos docentes en número de 19,897.

El dato que más espanta y debe preocupar, es el que se da a conocer a través de los censos -con todas sus deficiencias- y que asciende a más de 4 millones 650 mil veracruzanos que no tienen el privilegio de haber obtenido su certificado de bachiller.

Dentro del trabajo diario que realiza la semilla de lo que va a ser la nueva Universidad Popular Autónoma de Veracruz, hemos expresado en varias ocasiones que atender 25,500 alumnos en 496 preparatorias es un dato importante, pero para combatir el monstruo del rezago cultural, se necesita mucho mayor trabajo, más esfuerzos y una constante y sistemática actividad para lograr que hombres y mujeres asistan, de acuerdo con sus posibilidades económicas y sociales, a las aulas de la revolución para preocuparse por sí mismos en su preparación a fin de alcanzar este nivel escolar.

Lo que es innegable es que se debe trabajar decididamente pensando en el mejoramiento cultural de los veracruzanos.

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