FELIPE GONZÁLEZ Y LA EDUCACIÓN

Por Guillermo H. Zúñiga Martínez



En días recientes, el periodista Juan José Millás tuvo una reunión muy interesante con Felipe González, ex mandatario español; viajaban entre Madrid y Manresa, ciudad que visitó el político español para dialogar sobre Liderazgo en Época de Crisis. La entrevista contiene datos sobre la vida privada del ex presidente, de su pensamiento, hábitos, actitudes y experiencias familiares e incluye, además, recuerdos de infancia y adolescencia.

Lo que expresa sobre liderazgo no tiene desperdicio, entiendo sus apreciaciones como aquellas capacidades del político para persuadir a los demás sobre las bondades de su trabajo, despertar entusiasmos o transformar los sentimientos negativos en positivos, así como captar la solidaridad para apoyar proyectos; otra interpretación que le doy, es la ausencia de mentiras, apartado de demagogias y engaños porque el entrevistado confiesa sus errores y habla de sus aciertos.

Lo que atrae de esta amplia charla, son algunos conceptos que emitió respecto de la educación. Este político brillante tiene, entre otros, el propósito de apoyar un fondo para ayudar a las iniciativas innovadoras, ya que de acuerdo a su criterio “educamos para la pasividad”; esta expresión no me convence porque si hay pasividad no hay educación, llegaríamos a la tergiversación, dado que educar es alentar y persuadir en cuanto a la necesidad de usar la voluntad para crecer intelectual, física y emocionalmente.

Según Felipe González, la parte noble de la educación es la “trasmisión del pensamiento acumulado y, la parte coja de nuestro sistema educativo o deformación del capital humano, es que no entrenamos a la gente para que sepa qué hacer con ese conocimiento que va adquiriendo, transformándolo en una oferta que añada valor a los demás.” En esta concepción se puede observar un exjefe de gobierno convencido de que educar es redescubrir la verdad y decir a los niños y jóvenes que deben aprender lo que el maestro les va proporcionando a través de cucharadas, concepto éste superado ya, porque no tan sólo se debe informar a los alumnos, sino transmitirles las herramientas que hagan posible que ellos mismos ingresen en la investigación racional, inteligente y se decidan adjudicarse el conocimiento.

Estoy totalmente de acuerdo con este intelectual cuando afirma que, lo más importante en el ciclo de la formación, es que el aprendiente sepa la forma de utilizar la sabiduría adquirida y de qué manera ponerla al servicio del desarrollo, ya que de nada sirve acumular conceptos, ideas y contenidos librescos, si se es un inútil al tratar de aplicarlos en la vida cotidiana, por eso es interesante repetir que la preparación tiene valor cuando sirve para interpretar y aprovechar la realidad, pues de lo contrario se reduce a un ornato que fulguró plenamente en el siglo XIX.

El político insiste en que el ser humano debe tener conciencia para transformar el saber en oferta, que añade valor, y aprecia que en ese sentido el sistema educativo español ha fracasado.

Es válida su apreciación cuando manifiesta que la cultura española no premia el mérito o la iniciativa con riesgo, pero sí sabe castigar con crueldad el fracaso; por otra parte, la anécdota que narra sobre una conversación con Omar Torrijos, en México la conocemos con otras palabras. El dirigente panameño una vez le dijo a Felipe González que debería cambiar España su lema escrito en los cuarteles de la Guardia Civil, y cuando le preguntó el por qué, Torrijos le comunicó que en España tienen que poner “abajo el que suba” y eso aquí en nuestro país hablamos de esa cubeta donde hay cangrejos y, si uno va a salir, otro se encarga de bajarlo, que es también una parte de la distorsión de los seres humanos cuando carecen de solidaridad social, y que tiene mucho que ver con la afirmación de los valores.

La conclusión es que, en ambos países, existen políticos que no pueden soportar que a otro le vaya bien o que otros triunfen, porque quisieran ver derrotados a todos y utilizarlos como escalera para llegar al éxito.

Resulta sabrosa esta entrevista porque el estadista habla con sencillez y sinceridad; además, reconoce que como mandatario tomó medidas que hasta la fecha no sabe si fueron correctas. Sin embargo, es del dominio generalizado que fue un gran presidente, un hombre que respetó los euros de los españoles y tiene prestigio, que integró una familia espléndida y predica con el ejemplo; sabe utilizar sus manos, le gusta realizar trabajo pragmático por lo cual en su domicilio cuenta con taller, lo que es algo muy popular en España.

Estimo de suma importancia lo que ha dicho Felipe González, porque los mandatarios deben expresar claramente sus puntos de vista sobre los principales temas que tienen que enfrentar y superar con el ejercicio político cifrado en la democracia y en el buen gobierno.


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