¿Y LA IDENTIFICACIÓN NACIONAL?
Por Guillermo H. Zúñiga Martínez
Por Guillermo H. Zúñiga Martínez
En los días que corren, se ha tratado de popularizar lo que técnicamente se denomina “enfoque por competencias”. Cuando se recurre a la explicación de qué debe entenderse por ese término, sucede lo mismo que al buscar el significado de educación holística; tanto uno como otro se identifican plenamente con lo que los pedagogos de principios del siglo XX llamaron el desarrollo integral de las facultades del ser humano.La palabra competencia, que más bien se relaciona popularmente con los aspectos deportivos, no existe en el artículo 3º.constitucional y tampoco ha penetrado de manera directa en los planes y programas de estudios que tienen plena vigencia en nuestros días. Espero que estas tendencias no corran la misma suerte que otros intentos de modificar las líneas filosóficas de la educación mexicana porque después, al enfrentarse a la realidad, se pierde demasiado tiempo y no se encuentran las soluciones a los problemas teóricos y pragmáticos de la educación nacional.
Hace tres décadas, un grupo de estudiosos del lenguaje empezaron a familiarizarse con lo que los franceses denominaron la gramática estructural. Se deslumbraron y creyeron que era la panacea para orientar a las nuevas generaciones sobre una terminología que estimulaba la reflexión y el interés por el dominio del idioma. Sorpresa mayúscula se llevaron porque -y esto lo digo con sinceridad-, los términos núcleo, fonemas, gramemas, etc., jamás los he escuchado en el manejo popular o como conocimiento y destreza entre los alumnos ni, mucho menos, adheridas a las generaciones adultas; para mí fue un fracaso total ese afán que consumió horas y horas entre los mentores para tratar de cumplir con esas disposiciones oficiales que enturbiaron, desviaron y llevaron al descalabro esos impulsos innovadores.
Siempre me ha parecido importante basar nuestro desarrollo educacional en las concepciones de los propios mexicanos y procurar localizar, identificar o descubrir otras formas de atender a quienes necesitan cultivarse con plenitud desde el hogar y obviamente en las aulas, para lo cual es indispensable fomentar la investigación, el diálogo, el intercambio de ideas y escuchar a aquellos que, con especialización sobre estos temas, tienen algo que decir, para que fuera una aportación mexicana hacia el exterior y nos sintamos orgullosos de la capacidad e inteligencia de nuestros connacionales. Tal parece que estamos destinados a ser intermediarios y a repercutir entre las comunidades de educadores lo que pedagogos de diferentes latitudes hacen, dicen, escriben, porque nosotros como nación no hemos sido capaces de emprender la gran tarea que nos lleve hacia una educación genuinamente mexicana.
Para abundar en lo anterior, todavía estamos recordando a pedagogos que han trazado rutas en los diferentes tópicos educativos y en eso disponemos de la oportunidad y el esfuerzo para interpretar, asimilar y aplicar lo que otros nos han dicho u orientado. Tiene mucho tiempo que no se llevan a cabo congresos nacionales para discutir y encontrar las soluciones pertinentes a esos problemas; lo que se observa son esfuerzos aislados, incoherentes, que no permiten cohesionar una verdadera doctrina que mereciera lucirse en el concierto nacional y lograra identificarnos como país creativo.
De las pocas medidas trascendentales que se han dado en México y que son ejemplo en los países de América Latina, porque hasta cierto punto anhelarían hacer lo que promovió el señor presidente Adolfo López Mateos y el poeta educador Jaime Torres Bodet, descuella la brillante propuesta y su realización innegable, de la edición de libros para uniformar el aprendizaje en la escuela y dar a los educandos el inicio de lo que representa en millones de hogares la única biblioteca que se tiene, basada en los Libros de Texto Gratuitos. Esta aportación mexicana, que tantos beneficios ha derramado en la república, ahora algunas personas que desconocen su significado y trascendencia se atreven a proponer que desaparezcan para, en su lugar, lanzar sus contenidos por internet, como si todos los niños indígenas, campesinos y marginados tuvieran acceso a esta herramienta de la tecnología moderna.
Es inaudito que un hombre culto y magnifico conductor, dueño de ideas brillantes como lo es Pedro Ferriz de Con, se atreva a proponer que ya basta de editar libros de texto gratuitos sin imaginar tan siquiera las repercusiones que una medida política de esta naturaleza acarrearía. Lo más lógico sería que, primero, niños y jóvenes poseyeran un procesador de datos y, además, que recibieran el servicio de Internet en forma gratuita.
zmgh12@gmail.com


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