ALIANZAS CON OPROBIO
Guillermo H. Zúñiga Martínez
Guillermo H. Zúñiga Martínez
De acuerdo con la Ley, las alianzas son procedentes. Cada coalición deberá acompañar la plataforma electoral, y en su caso, el programa de gobierno que sostendrá su candidato a gobernador, así como los documentos en que conste la aprobación por los órganos partidistas correspondientes. Luego entonces, es un mayúsculo error histórico el que ha cometido el Partido Acción Nacional junto con el de la Revolución Democrática y el Partido del Trabajo, porque el ciudadano común y corriente registra que los ideales que lo inspiran para pertenecer a un instituto político podrían vulnerarse ante una mescolanza de ideologías e intereses.Desde la época de Montesquieu, es criterio sostenido que cuando se da una alianza enrarecida entre quienes proponen diferentes formas de gobernar y distintos esquemas en su ejercicio, está destinada al fracaso como seguramente lo veremos con esas monstruosas uniones entre un partido de derecha y otros de izquierda que al hacerlo se desdibujan y casi desaparecen. Cuánta razón tenía el autor de “Del Espíritu de las Leyes”, cuando expresa que: “Cuando la virtud deja de existir, la ambición entra en los corazones capaces de recibirla y la codicia se apodera de todos los demás”.
Los mexicanos, desde siempre, están divididos por las ideas; esas diferencias se pueden encontrar en su actitud, por ejemplo, frente al artículo 3º. Constitucional, dado que mientras los reaccionarios proponen la enseñanza religiosa en las escuelas, los de izquierda proclaman un carácter racional y científico en el contenido de las asignaturas; también han transitado por caminos diferentes respecto de los postulados del artículo 27 Constitucional: para los conservadores debe desaparecer, derogarse o transformarlo con el afán de que el gran capital nacional o el internacional intervengan en la explotación y aprovechamiento de nuestros pobres recursos naturales; tampoco debemos olvidar que tienen divergencias muy marcadas sobre el artículo 123, que se refiere a las condiciones de trabajo.
Sin titubear, se puede afirmar que los programas de acción de cada partido político conservan diferencias abismales, razón por la cual se ha creado el régimen de partidos. Por una parte, el P.A.N. deja de ser aquella ilusión que se forjaron sus fundadores desde 1939 y que consistía en buscar el bien común y la decencia en el ejercicio público; ideas y propuestas nacionales que se acaban de derrumbar de manera estrepitosa cuando un joven sin experiencia y sólo guiado por la ambición piensa que el Gobierno Federal puede proseguir en manos de panistas si se desbanca a los gobiernos estatales como los de Hidalgo y Oaxaca -gobernados por militantes del PRI-, al costo que sea; ésa es una pifia trascendente porque nadie puede asegurar que los odios encontrados entre derechistas e izquierdistas logren coincidir en una simple proposición que pudiera expresarse de esta manera: “Vamos a unirnos con la única finalidad de que el PRI ya no siga gobernando y después, cuando surjan los problemas, trataremos de solucionarlos”. Habrase visto tanta mezquindad, avaricia, ambición y ausencia de principios, que son los aspectos que se desprenden de estas falsas ligas que encarnan mensajes de desesperación y oportunismo.
Los “arreglos” entre estos partidos sin coincidencias importantes en sus programas, o para mejor expresarlo, entre sus menguados dirigentes, dan vergüenza porque para el PRD Felipe Calderón es espurio, lo han acusado de robarse y asaltar la Presidencia; cómo imaginar ahora que se abrazan como si fueran realmente hermanos de lucha; para hablar en forma directa, son hipócritas, ambiciosos y sin valores.
La descomposición política en México está a la vista de todos. El desprestigio brutal de los partidos va exhibiéndose como bola de nieve para sembrar desesperanzas y ausencia de convicción y de lucha.
Sólo falta declarar que en México no existen la derecha ni la izquierda, porque se han fusionado, esperan únicamente el acta de defunción que certifique su muerte prematura a causa de sus ambiciones por lograr la administración pública.
Para citar nombres: Gabino Cué era priista y ahora es perredista, panista y petista, más lo que se acumule; quién le puede creer, cómo confiarle la dirección de una sociedad, cuando lo primero que debe hacer es respetar los intereses de sus supuestos aliados. Por otra parte, qué tristeza causa la sonrisa de una mujer que parecía digna de admiración, me refiero a Xóchitl Gálvez, que hoy se deja acariciar por afanes extraños, lo cual la convierte en una mujer que practica la felonía para alcanzar una posición gubernamental. Trocó sus límpidos propósitos en una vulgar codicia.
El poder jamás debe estar por encima de las convicciones, de los valores y mucho menos de los principios.
zmgh12@gmail.com


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